
Por qué los juegos de mesa te hacen mejor persona
Una reflexión sobre cómo la mesa de juego es uno de los últimos espacios genuinos de conexión humana en la era digital.
2026-02-15
La pantalla que no está ahí
Cuando te sientas a jugar a un juego de mesa, haces algo radical: no miras una pantalla. Miras a las personas que tienes enfrente. Ves cuando alguien duda antes de colocar una ficha. Escuchas el suspiro de alguien cuando la carta que necesitaba la robó otro.
Esa presencia física, esa atención compartida, es cada vez más escasa.
El conflicto como aprendizaje
En Catan aprendes a negociar bajo presión. En Pandemic aprendes a priorizar y a ceder el control. En Twilight Imperium aprendes que las alianzas son frágiles y los imperios, mortales.
Ningún videojuego me ha enseñado a perder con gracia como lo hizo perder en Agricola por primera vez después de haberme creído el mejor agricultor de la mesa.
Diseñar experiencias, no productos
Lo que más admiro de los diseñadores como Uwe Rosenberg o Vital Lacerda es que no crean juegos: crean momentos. Cada mecánica existe para provocar una emoción concreta. Cada restricción es una invitación a ser creativo.
Es arquitectura emocional. Y eso, aplicado a cualquier proyecto de vida, es una forma de ver el mundo que cambia cómo afrontas los problemas.
La mesa como ritual
En casa, la noche de juegos del viernes se ha convertido en un ritual. Sin móviles. Con merienda. Con risas que en ninguna otra situación habrían ocurrido.
¿Tu mesa de juego? Cuídala. Las personas que se sientan contigo son las que más importan.
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